domingo, 21 de julio de 2013

EL LENGUAJE ES RELATIVO



Decía Ramón de Campoamor aquello de que en este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira...
No hay que ir muy lejos para encontrar el infinito: Vivimos dentro; Tampoco hay que esperar mucho para encontrarse con la eternidad: En ella estamos.
Pero aquí, en este espacio-tiempo que nos ha tocado, tengo la sensación de vivir con unas coordenadas falsas, de estar plantada en el planeta con una serie de fijaciones que, por costumbre, se han vuelto normales. Tal vez sea debido al lenguaje y/o a una especie de ubicación centrada en la identidad personal o en el propio entorno. Me explico: Decimos que el sol sale o se pone, ¡vale!. Sin embargo, sabemos que la tierra da vueltas alrededor del sol y que éste se mueve por la galaxia, pero realmente no lo percibimos así. ¿Han probado alguna vez a situarse hacia el saliente, justo antes de salir el sol e intentar ser conscientes del movimiento de rotación? O sea: concienciarse de que no somos un punto fijo sobre el cual pasa el sol, sino que, pegados a una bola en movimiento, vamos hacia delante y hacia abajo. Si se consigue, se marea uno. Sin embargo, por disparatado que parezca, eso es lo que hay.

El violín del ciego



‘¿Has visto mi violín?’ decía un anciano.
‘Y, ¿cómo lo has perdido?’ le decían.
‘No lo sé, me fui sin él el otro día,
y ya no puedo tocarlo con mis manos’

‘Y, ¿cómo es tu violín?’
                                   ‘¿Cómo ha de ser?
Como todos los violines, pero es mío’
‘Mi violín, ¿sabes?, y le tengo apego’
‘Si lo ves ¿lo podrás reconocer?’
‘¿Cómo podría hacerlo, si soy ciego?’

‘Pero... tiene un sonido celestial,
un sonido inconfundible para mí.
Ayúdame a buscarlo, ¡ven chaval!
y juntos buscaremos mi violín.’

Y aquel chaval y aquel anciano ciego
buscaron el violín día tras día
con las manos cogidas, muy contentos,
entre riscos, entre pueblos y alegría.

A veces, muy cansados, se quedaban
a la sombra de algún árbol del camino;
y otras veces, si la noche les llegaba,
llamaban a una puerta, por si abrigo
les brindaba el posadero o el vecino.

¡Qué candor demostraba la criatura!,
¡qué alegría la del ciego en su destino!
y... ¡qué unidos buscaban la escritura
que el viento marcaría con ternura
en la senda inconfundible del sonido!

Para aquel que ve la luz oscura,
para el guía que oscuro ve el camino,
a ambos brinda la vida con dulzura
la magia del acorde de un violín
que un buen día encontraron bajo un pino.

Gracias al corazón de un buen vecino
que despojó al ladrón de su botín,
librándole de su tesoro ruin,
y dejando la esperanza en el camino.

Y, así el chaval y aquel anciano ciego
encontraron el violín bajo aquel pino.
¡Cómo tañía el anciano!, ¡con qué anhelo!,
¡cómo brillaba en sus ojos el destino!
¡Cómo reía el chaval!, ¡con qué alegría!,
¡cómo miraba a las flores y hacia el cielo!

Y juntos caminaron, ya sin fin,
a lo largo de la magia de un sonido.
Sin embargo, no buscaban un violín.
Encontraron el calor que da un amigo.

miércoles, 17 de julio de 2013

LA VIDA EN ROS... -ITAS



Democracia, o sea: el gobierno del pueblo: ¿qué pueblo?
Se eligen dirigentes y lo que hagan, lo hacen. Aquí, una no abarca mucho pero me da que eso es como si fueran dictaduras de cuatro años. Luego, a la hora de elegir otra vez, pues... se elige. Pero ¿qué más da que sean galgos o podencos si todos comen conejos? Y encima los conejos se pelean entre sí.
Había una anciana en la familia que siempre elogiaba mi manera de proceder en una determinada tarea. Y yo para mis adentros: Tanta amabilidad me confunde; ¿y esa obsesión por lo bien que lo hago?; ¡ay que la tortilla ya está dorada por un lado y toca darle la vuelta para dorar el otro! Oye, y se la daba. Y me ponía verde por el mismo tema que había venido elogiando largamente.
Cuando alguien de la clase dirigente insiste demasiado en lo que NO va a hacer o en lo que SÍ va a hacer, el asunto me escama como me escamaban las afirmaciones de la anciana. Parece ser algo así como una decisión sublime que se va elaborando... tomando forma... y en un estallido místico surge la iluminación que perfila con fuerza el inexorable dictamen. Naturalmente, suele ser lo contrario de en lo que antaño se insistía largamente. Es lógico: no hay nada nuevo en la vida. Los nuevos somos siempre nosotros que renovamos epifánicamente el voto de confianza.
Como ya he dicho, una no abarca mucho pero me da que siempre nos están zambullendo en el cisco caótico de la sinrazón. Y... de rositas como siempre.